Notas
“Sólo se trata de agradecer a la tierra”
Hans Vinding-Diers, enólogo de las bodegas rionegrinas Chacra y Noemía, es un acérrimo defensor de la biodinamia, filosofía con la que elabora vinos en la Patagonia argentina. Giorgio Benedetti le preguntó los pormenores de su trabajo y por qué cree que esta es la mejor forma de elaborar vinos.
- 27.10.2011
- Giorgio Benedetti
Hans Vinding-Diers es el alma, el cerebro y parte del corazón de la bodega Noemía, emprendimiento que lleva adelante junto a su mujer, Noemi Marone Cinzano. Y es, además, el responsable de los vinos de Chacra, todos Pinot Noir maravillosos nacidos en el establecimiento de Piero Incisa Della Rocchetta, miembro de la familia propietaria del afamado tinto italiano Sassicaia.
Ambos emprendimientos han sido en los últimos años los responsables de revolucionar la escena en el Alto Valle del Río Negro. A fuerza de calidad y de hacer ejemplares honestos con un gran respeto por el terruño; tintos frescos, más elegantes que impactantes, que se han hecho famosos en el mundo entero. Y algo que ha llamado la atención es que los dos proyectos se han enmarcado en la filosofía biodinámica.
Allí están entonces los compost en plena fermentación, los espacios para los preparados y sus cuernos, pero fundamentalmente llama la atención la biodiversidad que uno puede encontrar caminando por las fincas: bichitos de todos los colores, conejos, abejas, etcétera. Parece que la vida no tiene límites entre los viñedos de Chacra y Noemía. Hans pasa casi la mitad de su tiempo en la Argentina, sitio del que cada vez está más enamorado, y es un ferviente creyente y prácticamente de la filosofía biodinámica.
¿Cómo comenzó tu relación con la biodinamia?
Empecé a escuchar sobre la biodinámica a través de mi primo, Peter Sisseck, un enólogo muy famoso en Europa al que le gusta mucho trabajar con esta filosofía. Y luego me habló mucho un amigo experto en vinos orgánicos, Monty Waldin. Ellos me introdujeron en esta filosofía, y fue Noemi quien me convenció de que era un buen camino para nosotros.
¿Por qué te decidiste a trabajar con agronomía biodinámica en Río Negro?
Noemí y yo estábamos de acuerdo en que era muy lógico seguir con la cultura orgánica, y más tarde con la biodinámica, básicamente porque ya el valle es un lugar prácticamente orgánico de manera natural, con menos del 30% de humedad y prácticamente ninguna plaga. Eso ya es un paso enorme para ser orgánico y biodinámico.
¿Trabajás con biodinámica también en Italia?
Sí, en Argiano Montalcino trabajamos una parcela, pero no la tenemos certificada. En la Argentina, tanto en Chacra como en Noemía, las fincas están certificadas como orgánicas por Argencert y como biodinámicas por Demeter. Pero más allá de eso, estamos comprometidos y hacemos todo lo que podemos para ser fieles a las prácticas biodinámicas. En la Patagonia tenemos el lujo de casi no tener casi ningún vecino, y esto es clave. Porque es muy difícil lindar con fincas que no son biodinámicas ni orgánicas ya que los tratamientos que los otros hacen también contaminan nuestras tierras.
¿Qué resultados encontraste con la biodinamia?
Principalmente, un viñedo más equilibrado y sano, con menos cepas malas, con más fauna, con más foco y más precisión en los vinos. Es como cuando alguien hace yoga; el cuerpo está más en sintonía. Para mí, el concepto de balance es la clave.
¿Cómo es la experiencia de hacer los preparados y las curaciones en el sur?
Tanto en Noemía como en Chacra, hacemos nuestros propios compost, con productos que derivan sólo de nuestros campos, y nosotros hacemos en casa siete de los ocho preparados. El único que no podemos hacer es la cola de caballo porque los elementos no crecen en el sur, pero lo intercambiamos con gente del norte a la que le damos un componente que a ellos les falta: vejiga de ciervo.
Siendo la primera experiencia biodinámica en Río Negro, ¿qué respuestas encontraste de la gente que trabajaba con ustedes?
Al principio todos en la bodega pensaban que Noemi y yo estábamos locos. Pero hoy son ellos quienes más se “enloquecieron” con estas prácticas. Hoy hasta el jardinero me saca el compost para los parques por lo evidente de los buenos resultados. La verdad es que tenemos una gran suerte de tener un equipo totalmente comprometido con nuestra visión de las prácticas orgánicas y biodinámicas.
¿Por qué creés que la biodinámica es la mejor manera de hacer vino?
No pienso que es la mejor manera de hacer vino. Creo que hay diversos métodos que son igualmente válidos; depende realmente de los objetivos que tienen las bodegas. En bodega Noemía pensamos que es lo mínimo que podemos hacer: respetar nuestra tierra y el modo de agradecer es tratarla bien, y ella luego te trata de igual manera a vos. Y también proteger a la viña de las fuertes intemperies climáticas típicas de nuestra zona Patagónica. Pero quiero aclarar que ser orgánico y biodinámico no quiere decir que se vaya a hacer un gran vino; eso no es garantía.
¿Cómo ves el futuro de la filosofía biodinámica en la región?
Creemos que va a crecer; es muy simple tomar esta dirección en nuestra zona y ya hay varios productores de peras y manzanas que están certificados. Realmente es como todo en la vida: si se cree en algo, hay muchas posibilidades de que esos deseos al fin se concreten.

