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Enoturismo

Recorrer bodegas en Luján de Cuyo

Conocé los establecimientos que no pueden ser pasados por alto en tu paseo por el departamento vinícola mendocino por excelencia. Ideal para visitar en tus próximas vacaciones de verano.

Desde hace más de cinco años, muchas de las bodegas comenzaron no sólo a abrir sus puertas al turismo, sino también a instaurar diferentes atractivos para disfrutar de programas al aire libre, culturales, gastronómicos y hasta deportivos, en el marco de los viñedos. Según las estadísticas, el destino más elegido por los enoturistas es Mendoza; sin embargo, hay una región dentro de la provincia que se convirtió en el verdadero exponente del furor del enoturismo: Luján de Cuyo.
Vale la pena tomarse unos cuantos días para recorrerla y disfrutarla en profundidad ya que prácticamente todo el distrito fue y sigue siendo gran parte del corazón de la vitivinicultura argentina.
En este departamento mendocino existe una simbiosis urbana muy particular; entre casas, avenidas y supermercados, uno puede encontrarse aún con viñedos intercalados en las calles, como fieles testigos de un pasado que se resiste a desaparecer y que hoy cuentan con el aval de muchos vecinos para que sean declarados de interés municipal. Allí también se encuentra la mayor cantidad de restaurantes y alojamientos en bodega. Para recorrer sus establecimientos vitivinícolas, es posible alojarse en Mendoza capital, en los hoteles más pequeños de Chacras de Coria o bien en los lujosos emplazamientos que día a día se multiplican entre las fincas. Agrelo, Vistalba, Perdriel, Ugarteche, Las Compuertas… pequeños fragmentos de paraíso cobijados por los Andes.
Luján de Cuyo es inconmensurable, es por eso que seleccionamos los puntos claves en el recorrido por esta ruta del vino. Aquí, las mejores opciones.

Terrazas de los Andes
Un edificio antiguo restaurado, pero repleto de nuevas tecnologías. Cuando uno recorre sus viñedos e instalaciones, ve los premios obtenidos y el nivel de pasión que ponen en cada botella, no puede más que dejarse llevar a la degustación de toda su línea. Tienen un espacio en el que se pueden organizar almuerzos.

Norton
No hay duda de que si hay un clásico en el vino es Norton, y antes de visitar esta bodega es recomendable haber leído un poco sobre su historia y sus propietarios suizos, la familia Swarovski. El establecimiento posee una infraestructura impresionante, con viñedos en espaldero y en parrales, un nutrido wine bar para realizar degustaciones mínimas o verticales de varias añadas. El recorrido es interesante para comprender las distintas etapas del proceso productivo del vino y el enorme despliegue de una firma que apuesta mucho en nuestro país.
Antes de seguir adelante, es recomendable disfrutar de un almuerzo en la bodega. Los jueves, si se lleva una damajuana, es posible hacer un corte propio de vino mezclando varietales de diferentes toneles.

Luigi Bosca
De arquitectura neocolonial, con algunas piletas gigantescas que fueron reformadas para ser utilizadas como espacios comunes. Su wine shop es una verdadera colección de grandes etiquetas. Impresiona entrar a la sala de crianza y ver el enorme despliegue de barricas. No se retire de esta bodega sin probar sus grandes etiquetas. Es para destacar en la recorrida el Vía Crucis del Vino: 14 autorrelieves de hormigón armado realizados por el artista Hugo Leytes, que relatan la historia de la vitivinicultura local desde la llegada de los inmigrantes.

Lagarde

A sólo 300 metros de Luigi Bosca, se encuentra este edificio antiguo, similar a un casco de estancia, que invita a un recorrido apacible y distendido. Lo ideal en Lagarde es recorrer toda su línea de varietales, su emblemático Semillón y sus Henry mientras uno disfruta de un exquisito almuerzo en la bodega.

Ruca Malen
La bodega resalta desde la ruta por su color teja y terracota. Es la pionera en instalar la idea de restaurantes en bodega y su infraestructura fue creciendo en función de este concepto gastronómico. Mucho (casi todo) de lo que hoy se intenta respecto de la culinaria en bodegas trata de emular de alguna manera el servicio, calidez y profesionalismo de Ruca Malen. Más que el recorrido por la bodega (que es muy bueno), propóngase disfrutar de este despliegue gastronómico y suspenda todo hasta el día siguiente.

Séptima
Su arquitectura la hace muy singular y se ha transformado en uno de los íconos de Mendoza para realizar eventos. Es el séptimo proyecto del grupo español Codorníu, principal productor de Cava del mundo. En su restaurante María, la gastronomía está nutrida por algunos productores artesanales, que le dan ese toque autóctono. Lo ideal: una copa de espumante, algo de música funcional en la terraza al atardecer, buena compañía y contemplar los Andes.

Finca Decero
La fisonomía de la bodega fue pensada para que el contorno de los techos siga la figura de los picos del Cordón del Plata. Su patio interno estilo plaza seca española es en realidad su playa de recepción vendimial, lo que aporta una gran sensación de amplitud. Finca Decero tiene una actividad recreativa particular que consiste en pasar una noche observando los astros, el cosmos y las constelaciones, lo que la transforma en una de las pocas que realiza actividades nocturnas. Además de todo esto, posee un restaurante en el que la base de la cocina autoral son los productos regionales.

Nieto Senetiner
Antiguo solar de estancia, con distinguidos rasgos coloniales. Es interesante hacer un recorrido por los viñedos antes de comenzar con la visita para comprender el enorme significado que tienen las viñas. Sólo por probar, no se pierda el Bonarda.

Vistalba
Su arquitectura es una combinación de diseños vanguardistas, pero muy amigables, de la firma Bórmida y Yanzón. Luego de visitar sus instalaciones, lo mejor es relajarse y disfrutar de un almuerzo en La Bourgogne, con un amplio menú que en los últimos tiempos ha dado un viraje hacia lo tradicional y la cocina regional. Tiene una posada de dos habitaciones que linda lo edénico.


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