Restaurante Recomendado

Ohno Obsoleto Bistró

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Nota creada el 30.07.2010 Por Raquel Rosemberg Bookmark and Share

Takehiro Ohno unió su apellido a un restaurante tradicional del Bajo de San Isidro, Obsoleto, al que también sumó su experiencia, sus platos y toda su filosofía.

España 1288, San Isidro | 4747-5652
Miércoles a sábados, noche
Cocina de autor


En una callecita del Bajo de San Isidro, donde pareciera que termina el barrio, hay un restaurante que no se parece a ningún otro. Fue un antiguo taller de herrajes navales que Willy Paleo, su dueño, ex publicitario, compró como vivienda. Después convirtió la parte delantera en un lugar para comer. Para lograr el objetivo, trajo a su tía, quien heredó las recetas familiares de una abuela francesa que, para más datos, fue quien introdujo la papa blanca en Mendoza. Así se pusieron a cocinar platos caseros. Eso fue hace ya siete años.
La descripción del lugar merece un párrafo aparte. Willy es un obsesivo coleccionista de todo, pero de algunas cosas más que de otras. Para entrar, deberá atravesar una cabina de teléfonos inglesa. Amante de las motos antiguas inglesas, fundador del Club Norton y de coches de época, fue armando su espacio con fotos, carteles, objetos que encontró o compró.
El suelo es de paneles de madera y una escalera caracol armada con un cigüeñal enorme de motor de barco permite acceder a un primer piso. Y allí hay más: surtidor de nafta, motores, sifones, sillas, butacas de cine… Todo junto no apabulla, al contrario, crea una sensación de calidez e intimidad.
Pero la tía se jubiló… Fue entonces cuando en el camino de Willy se cruzó Takehiro Ohno, uno de los grandes chefs con los que cuenta en estos momentos la Argentina. Ohno es especial, japonés de pura cepa, hijo de samurai. Un día decidió que quería saber más de cocina y partió al país vasco. Allí trabajó como chef ejecutivo en el restaurante Zuberoa, pero conoció a Fernando Trocca y ya nada fue igual. Cuenta que siempre había tenido la fantasía de venir al país y que gracias a una invitación de Fernando lo logró.
Trabajó en varios lugares, le fue bien, le fue mal, como al país. Regresó a Japón para aprender management y al volver, abrió su empresa, que asoció a Obsoleto. Aquí prepara su comida: platos con personalidad en los que manda el buen producto.
¿Qué comer? Berenjenas marinadas en una salsa oriental, langostinos a la manera de la familia Ohno, mollejas y paté cremoso. En principales hay cordero chilindrón con varias horas de cocción, pescado con vegetales en salsa agridulce o salteado verde chino con hongos shiitake y pescado. También puede haber ojo de bife con papas, cebollas caramelizadas y vegetales al horno.
¿De postre? La degustación incluye mousse de dulce de leche con frutas secas, crema de batata, pastelera clásica y un increíble fondant au chocolat con banana asada.
La atención es muy amable y la cocina es impecable, dos factores que hacen que el viaje para descubrir este sitio valga la pena.