Restaurante Recomendado
El Pobre Luis
A Luis Acuña lo conocen como el parrillero uruguayo que triunfó en este lado del Plata. Él no hace distinciones y dice sin titubear que sus mollejas y su carne son las mejores.
El Pobre Luis
Arribeños 2393 | 4780-5847
Lunes a sábados, noche
Parrilla
Una esquina enorme de Belgrano podría desentonar con el resto. Sin embargo, esta parrilla pone tono local al barrio, aunque al frente esté un uruguayo: Luis Acuña. Nació en Las Piedras, Canelones, trabajó en un frigorífico, donde aprendió todos los secretos de la carne, y de su padre recibió el resto de la lección: cómo dominar las brasas. En 1974 cruzó el charco, se instaló en Buenos Aires y trabajó como cocinero en una rotisería. Al poco tiempo abrió su primer local en una esquina muy chica de Núñez. Los jugadores de River fueron sus fans desde un comienzo y aportaron lo que aún hoy le da color al ambiente: camisetas. Por ese entonces decoraban las paredes, hoy cuelgan de sogas, de lado a lado, en el nuevo espacio que simula un gran patio. Todas llevan una firma famosa, que hace que los comensales estiren el cuello para leer la dedicatoria. Esta casa, la de Blanco Encalada y Arribeños, es mucho más grande que la primera, tiene dos pisos y está ubicada casi donde termina el barrio chino.
Además de la mayor cantidad de mesas, aquí se distingue la enorme parrilla con hierros redondos, más una sierra de carnicero para cortar la carne en el momento, una gran caja fogonera donde se preparan las brasas y una novedad que muy pocos locales pueden ostentar: un horno Rational que le permite, por ejemplo, cocinar los chinchulines en su punto justo y después hacerlos marchar desde la parrilla.
Otra característica del lugar es la carne: el maestro se niega a usar animales muy chicos, son todos novillos pesados, sabrosos, siempre provenientes de campos y criados a pastura, nada de feedlot.
¿Qué pedir? Comenzar por las mollejas de corazón que el dueño de casa elige obsesivamente una a una. Después, riñoncitos o hígado a la tela, o si se quiere algo clásico: chorizos, morcillas o provoleta completa. No se pueden eludir las pamplonas: hay de cerdo, vaca o pollo, con diferentes rellenos, envueltas en crepinette (membrana de cerdo que al derretirse les da un sabor especial).
Pasando a las carnes, hay asado de tira, bife de chorizo cortado en tiras, T-bone, bondiola con guarnición, cochinillo, pollo deshuesado, pechuga rellena con jamón y queso o un salmón rosado que marcha a punto, algunos ejemplos entre las muchas opciones.
Para acompañar: papas o batatas al plomo, tortilla de papa y panceta, papas fritas con cebolla o unas ensaladas muy completas.
Si queda lugar para el postre, la recomendación es enfilar hacia lo goloso, como unas bananas con crema y dulce de leche o una isla flotante.
La carta de vinos es muy completa y la atención, profesional.
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