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El huerto entre el cemento

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Nota creada el 04.01.2012 Por El Conocedor Bookmark and Share

Setenta balcones y ninguna flor… los versos famosos del soneto de Baldomero Fernández Moreno se pueden revertir. Las huertas urbanas le van ganando espacio al cemento convirtiendo aquello de cosecharás tu siembra en una realidad.

Cuando se piensa en el lujo, se asocian conceptos generales como ostentación, exceso o glamour. Sin embargo, existe otra interpretación posible: el goce de aquello que es escaso, deseado y, en consecuencia, difícilmente accesible y de elevado valor. En este sentido, el lujo podría tener que ver no tanto con lo extravagante y pomposo, sino con aquello simple, esencial, auténtico y, por qué no decirlo, humano, pero que por los avatares modernos se ha vuelto escaso. Por ejemplo, hoy en día resulta un verdadero lujo hablar con calma, beber agua de una fuente no contaminada, escuchar el silencio de la naturaleza, perder el tiempo en lo que se nos dé la gana, contemplar, vivir sin prisa, respirar aire puro, comer una fruta cosechada por la propia mano, compartir encuentros con gente afín, leer un libro. Conocer personas que valoren estos lujos es, quizás, el verdadero lujo.
A partir de esta nueva definición, existen iniciativas empresariales que han sabido encontrar su nicho de mercado. Empresas que están desarrollando con éxito su negocio vendiendo simplicidad o autenticidad. Varias enfocan su producto o servicio a reencontrar el tiempo perdido. La vida urbana actual transformó lo simple en inalcanzable. Atrás en el tiempo quedaron las enseñanzas de los abuelos inmigrantes con su quintita, los frutales y el gallinero. Tener un jardín en la ciudad se ha convertido en sinónimo de estatus, una realidad que los que ofrecen huertos urbanos tienden a modificar. La propuesta es básica: acercar el campo a la ciudad, volver a tener a mano parte de lo que comemos. Una huerta en casa para que cada cual consuma con placer lo que ha cultivado con paciencia y cariño.
Se trata de una propuesta que a algunos puede parecerles extravagante o sólo enfocada a hippies vintage. No es así: es una idea dedicada a los que disfrutan ver cómo en su terraza crecen hermosas lechugas, berenjenas y tomates, al lado de lavandas y romero, entre muchas aromáticas. Los que probaron comer unas flores de calabacín en tempura, recién recolectadas del balcón de su casa, aseguran que no tiene precio.
Para los usuarios de este tipo de huerto, el placer no comienza en la cosecha. Se parte de la preparación de la tierra, la siembra y la espera, hasta su recolección. Todo el proceso es un ejercicio de hábitos necesarios, e incluso los chicos de la familia y los ancianos pueden vivir de cerca aquello que de otra manera sólo se ve en libros o en TV, la muy mencionada vuelta a la naturaleza. Algo tan simple como tocar la tierra, regarla, sembrar, cultivar la paciencia y disfrutar del resultado. Beneficios lúdicos, pedagógicos e incluso terapéuticos, que muchos aprecian y que son la mejor prueba de que la imaginación, aplicada a lo sencillo y esencial, puede llegar a ser muy rentable económica y socialmente.
La tendencia mundial es volver a recuperar ese espacio de huerto aun entre el cemento. Esta onda tuvo su origen en el hemisferio norte, especialmente en algunas ciudades de Estados Unidos y de Europa. Una muestra de su rentrée son los movimientos que en norteamérica se conocen como Urban Farming: proponen reemplazar el cemento por verde, especialmente en espacios comunes, como techos de edificios públicos o de estacionamientos. En otros países, como Alemania, se promueven iniciativas para la utilización de terrenos al lado de las vías del ferrocarril para que los jubilados tengan sus quintas. La tendencia es tan fuerte que existe una aplicación para Iphone, Macetohuerto, muy consultada: tuvo 80.000 visitas el día de su lanzamiento.
Acompañando esta onda verde, son muchos los chefs del mundo que poseen su propia huerta. Ya son famosas las de René Redzepi, Michel Bras, Dan Barber, Mauro Colagreco, Montse Estruch, tendencia que en la Argentina adoptan Darío Gualtieri, Juliana López May y Juan Gaffuri, entre otros. En nuestro país, la corriente también está calando si bien –todavía– es incipiente. Existen proyectos sociales –como el Pro Huerta del INTA y el Ministerio de Desarrollo Social– que cobran fuerza, aunque en este último caso su hábitat sea el conurbano y la idea es que sus actores puedan autoabastecerse.
Los que viven en la ciudad y quieren desarrollar este hobby gourmet aducen algunos reparos. Sin embargo, deben saber que no hace falta tener mucho espacio, ni siquiera un jardín, para concretarlo. Con unos metros cuadrados bien soleados y una canilla cerca basta. De hecho, puede ser el balcón de un departamento, un patio o una terraza. ¿La tierra necesaria? Unos 20 centímetros de profundidad son suficientes para la enorme mayoría de los vegetales que se pueden plantar. Aquellos que teman partir de semillas pueden recurrir a gran cantidad de viveros que ofrecen plantines de todas las variedades a precios módicos. Lo ideal es siempre tener a mano un calendario de siembra o de vegetales de temporada, asesoramiento que brindan los mismos viveros.
Otra opción, para aquellos que encuentren en esta actividad un pasatiempo importante, es concurrir a los talleres de huerta que se imparten en el Jardín Botánico, en el MAPO (Movimiento Argentino para la Producción Orgánica) o en la Facultad de Agronomía de la UBA.
Por una simple cuestión de sustentabilidad, en un futuro no muy lejano, las ofertas más valoradas tendrán que incluir tres dimensiones fundamentales: lo ecológico, lo humano y lo económico (en el sentido de ahorro). Ya se dijo hace muchos años que sólo el necio confunde el valor con el precio. Esta afirmación, aplicada a la propia huerta, está hoy más vigente que nunca.

Cómo realizar una huerta

Preparar la tierra. Tener en cuenta que el receptáculo elegido debe poder drenar el exceso de agua (una maceta de plástico no funciona sin un agujero). Para ello es conveniente colocar en la base, antes de la tierra, leca o piedras. La tierra que se utilice debe ser, en lo posible, humus. Al sembrar o plantar, hay que tener en cuenta el tamaño final de la planta y si es o no rastrera porque, por ejemplo, los zapallos invadirán el resto de los cultivos y una tomatera necesitará altura.
El espacio elegido debe contar con sol directo por lo menos seis horas al día. No olvidar que es fundamental tener a mano agua de riego. Recordar que es preferible que el agua falte a que sobre. Estar atentos a las plagas (en los cursos se brindan nociones de remedios caseros que evitan el uso de plaguicidas).