Restaurante Recomendado

D’ORO

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Nota creada el 23.06.2010 Por Raquel Rosemberg Bookmark and Share

Los sabores y aromas italianos se incorporaron a las mesas nativas hasta lograr la categoría de preferidos por la mayoría. En este espacio se hace gala de ello.

D’ORO
Perú 159 | 4342-6959
Lunes a viernes, de la mañana al cierre
Cocina italiana


Comer en este restaurante es un placer que no resulta difícil de explicar. Es la casa de los hermanos D’Oro, descendientes de napolitanos y sicilianos, quienes después de hacer su experiencia en Roma volvieron al país y trajeron nuevas ideas que sumaron a lo mamado de la nonna y la madre con rotisería famosa en Ramos Mejía, además un riguroso entrenamiento laboral que describen como “aprender a comprar o sacar la pasta en el punto exacto”.
En Buenos Aires comenzaron con un local en el microcentro y ni bien pudieron adquirieron esta casa que ya tiene 10 años. Al principio, cuentan, ponían en la pizarra penne alla… y debían soportar las cargadas del público. El tiempo les dio la razón y hoy al mediodía los comensales se matan por una mesa. Ya nadie discute el nombre de la pasta, ni su punto, los D’Oro lograron educar al soberano.
La carta tiene algunas opciones imperdibles, pero recomendamos, al mediodía, aceptar las sugerencias –caseras, simples y deliciosas– que cambian diariamente. ¿Qué pedir? Peperoni gialli ripieni (ajíes rellenos con quesos y hongos), fungi ripieni (hongos rellenos) o unas berenjenas especiales en escabeche. Después, sin vueltas, pasar a las pastas, que pueden ser rellenas o secas; en este último caso, son siempre italianas. Todas se terminan sarteneadas a la vista, por lo que cada comensal puede arrimarse a los fuegos y pedir a piaccere algún cambio: un toque más fogoso, otra salsa… La especialidad de la casa son los ravioli di vitello al vino Malbec, buenísimos; la pasta seca con chipirones, langostinos y rúcula, y la simple y bajativa pasta al limone. El postre es una fija: tiramisú.
Otro dato que hay que agendar es que una vez por mes, un viernes a la noche, hay fiesta napolitana con disfraces y menú fijo. Pero la gran novedad es que el espacio, muy parecido a un bistró neoyorquino, está cambiando. En la entrada inaugurarán una paninoteca, un cubo de cristal abierto a la calle, con una heladera-mostrador, para el público de paso, donde se podrán probar panes caseros con algunas cubiertas especiales, como la de brócoli con salchicha parrillera. También habrá venta de algunas delicatessen italianas o de factura propia. Además, tienen barra de tragos, ideal para el after office y muy buena carta de vinos, con más de cien etiquetas, tanto en botella como por copa (mirar la pizarra con las opciones). En síntesis, un espacio para disfrutar la vera cuccina italiana en un ambiente relajado, informal y ameno, como hay pocos.