Cinco preguntas a Steven Spurrier

  • imagenes Imagenes
Nota creada el 08.09.2011 Por Fabricio Portelli Bookmark and Share

Es el Consultant Editor de la revista Decanter, el actual presidente del Círculo de Escritores del Vino y del jurado de los certámenes Decanter World Wine Awards y Japan Wine Challenge. Aquí, responde cinco preguntas sobre el vino argentino.

¿Cómo ve la evolución del vino argentino?
La evolución de la Argentina en los últimos años ha sido notable tanto en los vinos de todos los días como en los top: desde los simples y baratos hasta los Malbec world class y Malbec blends. Y aunque no es el único cepaje tinto implantado en el país, es lo que mejor sabe hacer como varietal y cada vez más como blend. También hay algunos muy buenos Cabernet Sauvignon, Syrah, Tempranillo y Pinot Noir. Además, sus tres climas bien diferentes (Salta, Mendoza y la Patagonia) le permiten elaborar una amplia diversidad de vinos y estilos, lo que le garantiza seguir creciendo sin problemas. Ninguna bodega está preparada para seguir haciendo vinos baratos, por lo tanto la calidad está asegurada. Para mí, la Argentina y Chile son los dos países que más darán que hablar en esta década. Y las palabras claves serán vigor –energía– y diversidad.

¿Cómo está reaccionando el consumidor en su mercado hacia el vino argentino?
En el Reino Unido hay una clara desventaja entre Chile y la Argentina. El primero se posicionó en el momento justo como la nueva California/Australia. Y aunque la oportunidad de que la Argentina se transforme en el nuevo Chile existió, no supo aprovecharla, principalmente por no tener mucho apoyo institucional a causa de los problemas económicos del país. Sin embargo, la Argentina tiene que probarse siempre a sí misma y esto, en un mercado que ya no crece mucho, significa ocupar el lugar de otros países. Obviamente, el principal competidor es Chile. Pero considero que los dos, debido a su ubicación a ambos lados de los Andes, pueden lograr un mejor posicionamiento y avanzar más y mejor sobre otros países. En términos de calidad, la Argentina está considerada aquí a la par de Nueva Zelanda, lo cual es muy positivo.

¿Cuáles son las ventajas diferenciales y cuáles las desventajas?

La gran ventaja son el Malbec y los varietales con los que se puede mezclar; también el Torrontés como gran blanco original y los nuevos Chardonnay y Sauvignon Blanc. Pero lo mejor es el perfecto, aunque riguroso, clima, y la determinación de varios bodegueros de hacer las cosas cada vez mejor. Esto lo convierte en uno de los países más excitantes para los consumidores. Lamentablemente, hay una gran desventaja y es que existen muy pocas marcas reconocidas, en comparación con Chile o Australia, y además, hay poca diferencia de precios con los vinos europeos. Entonces, para ganar la batalla deberán poner el foco en la regionalidad, el carácter y la relación calidad-precio. Será una lucha larga, pero con final feliz.

¿Hasta dónde cree que puede llegar el vino argentino?
El consumidor en el Reino Unido es muy conservador y está muy influido por el precio y las ofertas especiales. Una de las claves de este mercado es la fortaleza que tienen los comerciantes independientes, desde los que tienen un solo local hasta aquellos con doce vinotecas. Son ellos los que buscan vinos con la personalidad única que la Argentina puede ofrecer. Por eso será una expansión centrada en el boca a boca –aunque es más lenta, tiende a ser permanente– y no como fue en los casos de los aussie Shiraz y los kiwi Sauvignon de hace dos décadas.

¿Cuál es su opinión sobre los vinos argentinos?
Mi consumo de vinos del Nuevo Mundo en casa es muy limitado porque mi cava está conformada en un 95% por vinos del Viejo Mundo. Sin embargo, cada vez que degusto un vino argentino me sorprenden la profundidad frutal y el carácter del viñedo. Etiquetas como las de Mendel, O.Fournier, Achaval Ferrer y Catena Zapata responden muy bien a mis preferencias. Pero hay muchas más que podrían estar en mi cava si encuentro el tiempo para comprarlas.