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Almorzando con el señor Pingus

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Nota creada el 11.05.2011 Por Fabricio Portelli Bookmark and Share

Peter Sisseck es uno de los enólogos más famosos, no sólo por su estirpe bodeguera o su formación bordelesa, sino por ser el creador del vino más caro de España: el Pingus. De causalidad, en medio de los Primeurs en Burdeos, terminé almorzando con él, su hija mayor y sus amigos. Una experiencia para compartir como los buenos vinos.

Jean-Luc Thunevin es uno de los personajes bordeleses más reconocidos no sólo por su (también enóloga) mujer Murielle Andraud, sino por haber sido uno de los máximos impulsores, si no el creador, de los vinos de garage en dicha zona. Allí, en el corazón de Saint-Émilion, su Grand Cru Classé Valandraud es uno de los vinos más respetados. Su creatividad no tiene límites y por eso, en muchos casos, es considerado un rebelde. Por ejemplo, desde que Robert Parker Jr. lo tildó de “bad boy”, creó una línea completa que incluye Baby Bad Boy, Bad Boy y un sparkling Bad Girl. Devenido en negociante y asesor de otros châteaux, además de ampliar sus propiedades vínicas, ha tenido una participación muy activa en los recientes Primeurs 2010, la degustación anual de la cosecha en Burdeos que sirve para presentar los vinos a la prensa especializada del mundo con el objetivo de fijar los precios, aunque aún estén en barricas y no sean los blends definitivos.
Así fue como lo conocí, en este marco y en medio de una degustación: monsieur Thunevin abrió las puertas de su bodega para albergar sus vinos (propios y asesorados), los de Michel Rolland (propios y asesorados) y algunos otros que comercializa o simplemente con los cuales simpatiza. Para mi sorpresa, no todo se trataba de Burdeos ya que había algunos franceses de otras zonas, italianos y españoles, y entre estos estaban las tres etiquetas de Dominio de Pingus, la bodega de Peter Sisseck, quien estaba al pie de la mesa sirviendo las copas con Flor de Pingus y PSI, su flamante novedad. Pero lo mejor no fue degustar estos ejemplares de pie, allí en medio del gentío y cara a cara con él, sino lo que vino después: un almuerzo distendido en la maison de los Thunevin. Todo esto fue posible gracias a Bernard Burstchy, referente francés del cual no me despegué ni un minuto a lo largo de la semana.
Y así fue como en una mesa, simple y despojada pero con mucha clase, empezaron a desfilar los manjares… y los vinos. En cuanto a la comida, fue una picada de lujo que empezó con el mejor caviar, siguió con trufas negras sobre tostaditas y unas coquis St. Jaques, una especialidad bordelesa.
Respecto de los vinos, primero fue el Bad Girl, un espumante simple, pero con personalidad. Luego llegó el turno del Blanc de Valandraud 2010, elaborado por la mujer de la casa, con cuerpo, carácter y mucha tensión. Acto seguido irrumpió el Valandraud 2007, un petit millésime con complejidad. Seguimos con el 1994, clásico y equilibrado, pero aún con mucho potencial. Y terminamos con el 2008, más joven pero no por ello menos elegante, aunque sin tanta profundidad.
Y así fue como con esa picada y esos vinos de lujo mediante, Peter Sisseck me comentó su entusiasmo y buen conocimiento de los vinos argentinos y, sobre todo, del Malbec en parte por el gran trabajo que hace en nuestra Patagonia su primo: Hans Vinding-Diers.
Una muestra más de que el vino elimina barreras y une personas.

 


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