Gastronomia

Ruta de los sabores australes

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Nota creada el 12.07.2010 Por Raquel Rosemberg Bookmark and Share

La gastronomía patagónica tiene una identidad que se distingue tanto por los productos como por las preparaciones. Descubrir sus matices es una invitación al placer.

Llegar a la Patagonia dejó de ser una aventura en la que la comida era un agregado casi al margen del viaje. Cada parada de este amplísimo territorio tiene su atractivo: sabores plenos, autóctonos, preparaciones típicas y también una buena dosis de innovación, la aportada por los cocineros de la zona y los otros que se van sumando porque eligieron estos parajes como su lugar en el mundo. Cuando se les pregunta a los protagonistas de estos fuegos acerca de la riqueza del lugar, aclaran que proviene del cruce entre los productos que encuentran –y los sorprenden– y las recetas del lugar, a las que se agregan aquellas que fueron aportando los inmigrantes. De esa simbiosis nace la cocina patagónica.
Son muchos los viajeros que se preguntan cuando planifican la travesía qué podrán comer. La respuesta es clara: no hay parámetros uniformes; la costa patagónica tiene una identidad diferente a la cordillerana, pero hay algunas generalidades. Se destacan en carnes el cordero patagónico, tierno y de sabor especial. La característica que lo llevó al podio es su alimentación, a base de las hierbas de la región, y una constante caminata, que hacen que tenga poca grasa y una carne deliciosa. Las otras carnes que distinguen estas latitudes son la del ciervo y la de jabalí, que generalmente se consumen frescas, en conservas, en fiambres o ahumadas. Pero cuando se interroga por “la carne” a los nativos, no lo dudan: el guanaco, que fue durante siglos el que ocupó el lugar de rey patagónico. Otra es el choique, ave de carne firme, deliciosa si se la sabe preparar, que se puede encontrar en casas de delicatessen en escabeche o en varios restaurantes de Calafate.
Quienes prefieren los pescados saben que la Patagonia es casi “su paraíso”. De todo el mundo llegan estresados empresarios, artistas o simplemente fanáticos a probar suerte con la pesca de mosca, aunque, nobleza obliga, suelen devolver, como corresponde, los ejemplares a las aguas. En estos lagos y ríos de aguas puras y muy frías, abundan las truchas. Los expertos que las crían explican que hay distintas variedades, la más común es la Arco Iris, aunque a veces se consigan la Marrón y la Fontinalis, todas de sabor definido para disfrutar sin demasiadas compañías que opaquen su gusto, sí con un buen vino.  
También hay frutas finas que crecen en arbustos o árboles. En un comienzo fueron silvestres, pero hoy también se encuentran plantaciones de cultivo: hay cerezas, guindas y moras frescas, calafates (frutitos negros que le dan nombre al lugar), zarzamoras, frutillas silvestres y rosa mosqueta. Si se habla de fruta seca, hay que poner el acento en los piñones. Típicos de la Argentina, son los frutos del pehuén o araucaria, un árbol que crece en los bosques fríos patagónicos desde hace 70 millones de años.
Otros que tienen su lugar patagónico son los hongos. Comienzan a surgir después de las primeras lluvias otoñales. En ese momento se los recoge frescos para luego secarlos. Los hay de pino y otros de nombres complicados.
Si la brújula indica las costas australes, al menú habrá que sumar criaturas provenientes del mar: centollas, merluzas (la negra es por aquí especial), pescados y mariscos de carnes firmes y sabores definidos. También, y cada vez más, el sur es rico en algas marinas, que se preparan de diferentes maneras y que sería importante adoptar por estos pagos.

Restaurantes recomendados
La Patagonia es amplísima. Imposible de recorrer de una sola vez. Entonces, decidido el destino, en cada uno de ellos el visitante encontrará productos típicos que podrá probar en pequeños restaurantes, pulperías, posadas y hoteles y también en locales de delicatessen. Éstas son sólo algunas posibles paradas, a las que hay que sumar las que cada uno irá encontrando en el camino, más los espacios de gastronomía que ofrecen las bodegas patagónicas, que cuentan con sectores de degustación y, en casi todos los casos, restaurantes.

Bariloche
Hotel Llao Llao: se realizan semanas de gastronomía temáticas y el té de la tarde con rica pastelería.
Il Gabbiano: excelente cava de vinos y buena carta con platos mediterráneos.
Yuco: platos elaborados por el chef Fernando López Scharpf con productos regionales; combinaciones audaces y muy buena carta de vinos.
Cassis: cocina europea moderna de la mano de Mariana Müller.

Villa La Angostura
Las Balsas Gourmet Hotel & Spa: Relais & Châteaux con uno de los mejores restaurantes del país. La cocina está a cargo de Pablo Campoy, un chef joven y talentoso

San Martín de los Andes
Cabañas Paihuen: un complejo vacacional, donde el vino y la gastronomía son protagonistas. Su chef ejecutivo, Pablo Buzzo, es uno de los referentes más destacados de la cocina patagónica.

Esquel
Cumbres Blancas: Griselda Boyraz ofrece trucha al limón, entradas con ahumados regionales y quesos, platos con hongos y fruta fina y buenos corderos patagónicos.

Calafate
Los Notros: cocina autóctona y artesanal. Hay pastas caseras, pescados, carnes rojas, ahumados, terrinas, patés caseros y la infaltable y reconfortante sopa de hongos. Buena carta de espirituosas y  cava con más de 150 etiquetas de los mejores vinos argentinos.

Chaltén
Los Cerros: platos con sabores autóctonos, entre los que son bienvenidos sopas caseras, puchero, pastas con hongos y postres, todos acompañados con una buena carta de vinos.

Ushuaia

Kaupé: el más destacado restaurante de la ciudad. A cargo de los fuegos está Ernesto Vivian, quien ofrece una carta que respeta los insumos de la zona. La merluza negra es sin dudas el plato destacado del lugar. Excelente oferta de vinos.
Chez Manu: muy interesante restó donde el cocinero francés Emmanuel Herbin es el artífice de una cocina fueguina con toques franceses que se traduce en muy sabrosos insumos regionales combinados con detalles como foie gras o queso.
Tía Elvira: cuando de centolla se trata, es uno de los nombres más escuchados y asociados al crustáceo. Allí, Oscar Sigel, propietario y chef, prepara el fruto de mar como nadie.

 


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