Restaurante Recomendado

Restaurante de la semana: Tarquino

  • imagenes Imagenes
Nota creada el 28.12.2011 Por Raquel Rosemberg Bookmark and Share

Un espacio nuevo en Buenos Aires que rescata la esencia argentina. Signado desde el nombre, una propuesta de cocina autóctona, creativa, en manos de Dante Liporace.

Rodríguez Peña 1967 | 6091-2160
Martes a sábados, de 20 al cierre. Desde diciembre, también abierto al mediodía
Tipo de cocina: argentina creativa


Tarquino es un nombre especial para los amantes de las carnes nativas. Así se llamó nada menos que un toro, que hasta tiene un monolito en Cañuelas. Fue importado por el empresario inglés John Miller en 1836 para el mejoramiento de las razas bovinas argentinas. Esta impronta es la que guió este nuevo emprendimiento en el corazón de la Recoleta, allí donde funcionó La Cabaña.
El proyecto incluye un hotel boutique y un restaurante. Al entrar, el imponente mármol de Carrara blanco cubre piso y paredes. Ni bien se lo atraviesa, espera un salón-bar, oscuro, con piso de tablones de madera recuperados de la casa antigua; hay una atmósfera de club inglés, ideal para gozar de una muy buena barra. Pegado está el salón, construido en lo que fue el patio. Es una especie de jardín de invierno, con techo de vidrio, que conserva en su interior un gran árbol. Fue decorado con materiales nobles, típicamente argentinos. En este entorno cuidado, Dante Liporace crea su nueva cocina. Hay guiños al comensal, realizados con mucho humor, como la pizza de provolone (una copa de Martini con una espuma de provolone y una cucharita con una esfera de morrón asado), muy bien lograda, y luego, unos chips de soufflé de pulpo. Pero pasando este momento divertido, el menú se centra en los sabores autóctonos. “Parece que la abuela está de moda”, comenta el chef, quien realizó un giro en su cocina y propone platos porteños, algunos inspirados en la cocina casera, como el pastel de papa, y otros que hacen honor al nombre de la casa porque la muy buena carne es estrella casi absoluta de su carta. Las guarniciones son las justas, no hay salsas ni adornos superfluos que enmascaren el ingrediente principal. Para empezar, un muy rico pastel de papa, un ragú de carne y hongos, espuma de papa y oliva o unas verduras y langostinos (huevo poché, maracuyá, mandarina, hojas verdes, verduras, compota de queso y miel), que recomendamos probar con el delicioso pan de olivas (una perdición). También es rico el tartar, con pastillas de mostaza, mandiocas fritas, yema ahumada y uvas. En principales, no dejar pasar el cochinillo que marcha en punto perfecto, con su piel crocante, acompañado con tortilla española, sofrito, batido de manzana, batatas y aire de naranja. Otra opción (la más solicitada por los muchos turistas que visitan el lugar) es el ojo de bife, marinado en chimichurri, verduras, alioli, esfera de vino y arrope. Y para quienes no quieran carne, raviol de perdiz (con perdiz confitada, espuma de coliflor, jugo de liebre y pistachos).
Para el final, hay chocolate, banana y menta: bizcocho húmedo de chocolate (versión de la Némesis) o un tiramisú sui géneris. Para tener una visión más amplia, se puede optar por el menú degustación de seis platos. Un espacio que se suma al polo señorial porteño, cada vez con más propuestas de nivel.