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Restaurante de la semana: Fornería, cantina bar

La cocina porteña tiene un nuevo espacio en Palermo, una propuesta que rescata la gastronomía y la ambientación de las cantinas, bodegones y pizzerías del ayer.

Malabia 1825 | 4831-5447
Lunes a domingos, de 8:30 al cierre
Tipo de cocina: porteña y pizzería


Frente a la plaza Palermo Viejo, abrió este local con un encanto especial. Se trata de un espacio que se identifica como cantinabodegón y pizzería, tres palabras enraizadas en el comer porteño. La idea de sus dueños, parte del grupo que posee Janio, Quimbombó, Lo de Jesús, es crear un lugar en el que la comida esté ligada a la memoria de lo casero.
Parece antiguo, sensación producto de la lograda ambientación del estudio de Mariana Flombaum. Los colores elegidos, los vidrios repartidos, los ladrillos vista, el piso de mosaico, las diferentes mesas, los bancos de pinotea y las sillas (algunas provocan nostalgia porque seguro que son iguales a las de allá lejos y hace tiempo) crean el clima. Los pocos detalles –relojes, molinillos de pan, pingüinos–, muy bien seleccionados, redondean la idea de vieja cantina, al igual que la cuidada iluminación. Un párrafo aparte merecen los espacios abiertos: vereda que suma el árbol, balcón amplio en el primer piso (con su barra) y la terraza que balconea a la plaza y permite sentir que se está comiendo casi sobre el techo de la calesita de enfrente. La gráfica acorde y la de vajilla redondean la idea. La carta fue creada por Daniel López Martitegui. “Para armarla –cuenta–, me inspiré en la cocina de mi mamá y de mi abuela paterna. De mi vieja hay modos y hasta olores, como los del churrasco con puré y unas gambas al ajillo, el plato preferido que comía cuando me llevaban a Mar del Plata. De mi abuela están los ñoquis. La idea es ir sumando preparaciones de esas que te invitan a juntarte con amigos y familia, como un buen puchero para los viernes o un locro los miércoles”.
¿Qué pedir? No eludir la pizza, después de varias investigaciones que llevaron a rescatar las enseñanzas de un maestro italiano, logran una pizza finita, de masa riquísima, que marcha de un horno de leña a la vista y sale con buenas cubiertas, como Rucoletta Man, con rúcula y brie. Otra opción es pedir las famosas gambas, muy sabrosas, tortilla de papa a la española o burrata con rúcula.
En principales, suprema a la suiza, milanesa a la napolitana o pollo a la provenzal, entre otros, con guarniciones que se eligen aparte (desde puré, ensaladas o papa Fornería). También, ricas pastas caseras, como los ñoquis de sémola con crema de verdeo.
En postres hay clásicos (almendrado con charlotte o mousse de chocolate). Tener en cuenta que las porciones son gigantes, para compartir. El resto del día hay desayunos y meriendas, que atienden la demanda del barrio, y en los que pastelería y sándwiches, como el hot pastrami, tienen la palabra. La idea es muy buena, hay que pulirla al andar porque las comparaciones con las preparaciones de madres y abuelas de los concurrentes son inevitables.

Cocina Fornería cantina bar Gastronomía Pizzería Raquel Rosemberg Restaurante