Restaurante Recomendado
Restaurante de la semana: Olsen
Ambiente nuevo y cocina con ligeros matices es la nueva cara de este ya clásico porteño. Una reapertura que los fans venían reclamando y esperando con ansias.
- 28.09.2011
- Raquel Rosemberg
Gorriti 5870 |4776-7677
Martes a sábados de 12 al cierre; domingos, 10.30 al cierre
Tipo de cocina: nórdica y centroeuropea
Después de diez años de éxito se necesita renovar. Así presenta Germán Martitegui el nuevo y, al mismo tiempo, el de siempre… Olsen. Con sus socios se animaron a cerrar unos meses para remodelarlo. Pensaron en uno o dos, fueron casi seis. Ahora, a pesar de conservar aires nórdicos, posee matices que recuerdan los restaurantes de Holanda y el norte de Alemania, destinos de los que Germán es fanático; tanto es así que de Ámsterdam se trajo a cuestas las hermosas lámparas de cobre que resumen buena parte de los cambios. La consigna de la nueva etapa es: menos es más. El Olsen de hoy es más minimalista que el de ayer: se renovó el deck, la fuente de la entrada es ahora de cobre, se incluyó un sector sanitario para discapacitados, la gran pared de entrada a la nave es totalmente de vidrio, el entrepiso se simplificó y los pisos son de madera rústica. El hogar central, el fuego con su living, se conserva.
La cocina ya no es tan nórdica, aquí también se nota una inclinación de Martitegui hacia los sabores de Europa central. Pero en esta casa se empieza por los tragos, imprescindibles. Se puede probar el Citrus Honey o el Bloody Smoked Pepper. También hay clásicos, pero lo mejor es la degustación de tres o cinco vodkas con smorrebod (canapés nórdicos) o con leberwurst (riquísimo) y los deliciosos pretzels.
En la cocina hay una buena cuota de la pasión del dueño de casa. Platos simples, sabores muy logrados, porciones para paladares nativos. Para comer, se puede comenzar por salmón gravlax con scon de siete granos y queso fundido o soufflé de queso de cabra y tomillo con compota de membrillos. Para noches frías, nada mejor que la sopa de calabaza con confit de manzana y crema ácida.
En principales, imbatible (y por suerte, inmutable) la bondiola Olsen, con salsa de frutas rojas, puré de papas y krein y chicharrones (dejar para otro día el cuco del colesterol). También muy rico el risotto de siete cereales, con hongos confitados y huevos poché o el salmón blanco con barbeche de lentejas y ensalada de manzanas.
El cierre goloso tiene el sello de los sabores agridulces que identifican la región inspiradora del restaurante, aquí el dulce de leche se toma un respiro. Se puede apreciar la crème brûlée de vainilla con compota de ruibarbo y madeleine de jengibre o el pudding de manzana Olsen con nueces y helado de vainilla.
Al mediodía continúan con muy buen menú con diferentes opciones, de las que no hay que perderse la ensalada de remolacha, mandarina y queso de cabra o la polenta cremosa con rúcula, huevo poché y queso azul, más las papas rotas.
Y los fines de semana, el brunch, con pastrami casero, arenques marinados, salchicha bratwurst, panqueque de papas, blinis de maíz con trucha ahumada, salmón y caviar, y un largo etcétera.

