Restaurante Recomendado

Ginger

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Nota creada el 30.07.2010 Por Raquel Rosemberg Bookmark and Share

Un lugar diferente con una ambientación muy creativa, donde la comida casera con toques españoles y el vino argentino ocupan un sitio de privilegio.

Juncal 4660 | 6261-6200
Martes a domingos, desde las 20
Cocina argentina sofisticada


Un ingeniero, un psicoanalista y un médico experto en terapia intensiva se unieron y decidieron darle un destino diferente a su pasión por la comida, la buena bebida y la amistad: abrir un restaurante. Así nació Ginger. Se trata de una gran nave con muy buen diseño, obra del arquitecto Ricardo Plant. Está dividida en varios sectores: delante hay un espacio-hall que muestra las bodegas con las que trabaja la casa; luego, un salón con mesas y una gran barra, seguido de otro espacio con techo muy original: una bóveda enteramente recubierta con botellas vacías que produce efectos visuales y acústicos, con paredes de ladrillo porosas y mucho entelado, características que permiten la charla porque evitan los ruidos. Arriba hay un privado, que balconea a esa parte del restaurante, habilitado para fumadores. Un sitio realmente muy lindo, íntimo, que también posee techo de botellas, pero esta vez con sus etiquetas porque son todos vinos probados en la casa.
La división del trabajo es parte básica de este proyecto: el ingeniero se ocupó de la ambientación; el psicoanalista, que proviene de familia de bodegueros (ex vecinos de los Arizu, a quienes vendieron sus antiguos viñedos), se encarga de los vinos y las degustaciones que realizan todas las semanas; y el médico cambia su delantal de terapia por el de la cocina y hace realidad el sueño que tuvo cuando estudió gastronomía junto a Alicia Berger y Maurice Lacharme.
La comida es casera, con toques españoles y en porciones abundantes. ¿Qué pedir? Para comenzar hay pulpo con ensalada de radicchio, cebolla y pistachos, pinchos de mollejas en jengibre con cake de queso azul, sardinas frescas escabechadas en colchón de verduras, tiradito peruano y gambas al ajillo.
Como principales, la paella para dos es uno de los más pedidos, pero también gusta la bondiola braseada con puré de batatas picantes, con miel y cilantro; el gigot de cordero grillado con salsa al tomillo y cus cus de verdura; el cordero con timbal de arroz relleno con salsa de berenjenas; el ojo de bife y polenta; el bife de chorizo grillado con ensalada de apio, manzana y tomates confitados; los raviolones de salmón o la pesca del día a la manera vasca.
Del horno de barro, además de los deliciosos panes (el negro engaña, es suave, esponjoso y nada light: se hace a pura manteca), marcha un pollo muy sabroso.
A la hora del postre hay empanadas de masa philo en almíbar especiado, sopa de chocolate blanco con frutas o crema de dulce de leche con reducción de café y oporto.
La cava, ubicada en sector central, acompaña la propuesta: posee más de 130 etiquetas y 2.500 botellas integradas a la arquitectura de exposición.

 


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