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Qué lindo que es meter la nariz en la copa y adivinar el origen y la personalidad de lo que allí hay, pero no para comprobar lo que uno sabe, sino porque de eso se trata el vino… de un lugar y de un grupo de personas que quieren brindar placer a los demás con un estilo propio, como el de que tiene este tinto desde su cosecha debut, fiel reflejo del gran Malbec argentino de la altura mendocina, específicamente la de Gualtallary. Por eso son los tonos de hierbas frescas que sobresalen tanto en nariz como en boca y esa acidez sostenida que le da una frescura muy particular. Es un tinto con tensión y elegancia a la vez, que transmite mucho. Jugoso y vivaz, ya está listo para descorchar.
Por: Fabricio Portelli








