degustaciones
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Sólo tres años le llevó a Hans Vinding Diers demostrar que tenía razón, y que desde su terruño él sería capaz de elaborar un gran vino. Y si bien es un Malbec con mayúscula, de esos que enorgullecen y que elevan el prestigio de nuestro cepaje emblema, es un vino que va más allá. Y como a él le gusta, comienza a ser reconocido más como Noemía que por como está elaborado. Es voluptuoso y profundo, de textura sedosa y una frescura que invade elegantemente el paladar. Cargado de frutos rojos y negros, y con un dejo terroso, como mineral. Los taninos filosos y una firme acidez le garantizan mucha más vida en botella. Sin embargo este presente es digno de ser apreciado.
Por: Fabricio Portelli








