Consumo

Vinos argentinísimos

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Nota creada el 07.07.2011 Por Fabricio Portelli Bookmark and Share

Aunque la partida de nacimiento de nuestras etiquetas declare que su origen es argentino, no todas logran resaltar los valores patrios. Armamos un compendio de aquellos vinos en los que sí se pueden percibir estas características, ya sea por la concepción, la metodología, la tradición, los personajes involucrados o las estrategias comerciales.

Al menos hasta hoy, no existen grandes niveles de argentinidad en los vinos locales; algo que quizás comience a darse pronto. Claro que para que ello ocurra, será necesario que la industria siga trabajando en la misma dirección que hasta ahora y con el foco puesto en la tipificación de los terruños, pero también con el objetivo de explotar lo mejor que cada viñedo pueda dar, siempre atado a la calidad del vino a elaborar.
Mientras tanto, y al tiempo que vivimos esta primavera de argentinidad, podemos pensar en vinos que hasta aquí se pueden considerar más nacionales que otros… Aunque ésta no sea más que otra excusa para elegir una etiqueta en las góndolas.
Dejando de lado el tema de la procedencia, porque todos tienen las mismas posibilidades, en términos de cepajes se puede hacer una diferenciación ya que nadie puede discutir al Malbec y al Torrontés como nuestros máximos referentes en materia de varietales, incluso el Bonarda puede entrar en esta categoría ya que, aunque aún está lejos de cosechar los mismos logros, tiene condiciones para ilusionar; además de ser una variedad muy extendida por aquí y casi no utilizada en el mundo.
Por tradición también hay muchos ejemplares, aunque no son tantos los que lograron trascender en el tiempo y mantenerse vigentes. Por eso en esta selección argentina encontrará muchos vinos modernos que nacieron conceptualmente en el siglo XXI, respetando el legado, pero desafiándolo constantemente en pos de llegar más lejos y de conseguir repercusiones mucho más allá de las fronteras.
En este sentido, los personajes que hay detrás de cada etiqueta, por más que no sean tan famosos, también hacen a la diferencia.
Asimismo, están aquellas etiquetas que optaron por enfatizar más su origen argentino, aunque sea simplemente una estrategia marketinera. Y, por último, están los vinos populares, aquellos que quizás no gozan de un prestigio admirable, pero son los que acompañan a los argentinos en sus mesas de cada día y sólo por eso merecen mucho respeto.

Cepajes nacionales

Aunque muchos no lo sepan, el Santa Florentina (Cooperativa La Riojana) es uno de los Torrontés más vendidos. Se trata de un blanco fácil y muy fiel, tanto a su origen como a su cepaje, que pese a no provenir del admirado terruño de Cafayate, goza de una tipicidad particular muy atractiva.
Sin embargo, la belleza y el desarrollo de la capital salteña del vino favorecen a los ejemplares nuevos, modernos, con mucho ímpetu, pero también con equilibrio y cierta elegancia para esconder las rusticidades sin sacrificar personalidad. El que inició este camino fue el Colomé (Colomé) y luego siguieron sus pasos algunos mendocinos que se acercaron hasta allí para elaborar sus Torrontés con singular éxito, tales los casos de Alta Vista (Alta Vista Premium) y de Dominio del Plata (Crios), por mencionar sólo a dos de los pioneros. Pero no por ello hay que olvidarse de los tradicionales, como el Finca de Domingo (Domingo Hermanos), uno de los más renombrados.
Del Bonarda se viene hablando mucho más de lo que se hace. Sin embargo, hay algunos ejemplares que ayudan a ilusionarse porque sería muy importante para la Argentina encontrar otro vino que la diferencie y haga ruido como lo han hecho el Malbec y el Torrontés. Sin dudas, con este cepaje es Zuccardi quien lleva la bandera: empezaron hace varios años a apostar por esta variedad y desde hace rato se destacan con su Santa Julia (Santa Julia). No obstante, hoy logran ir un paso más allá con el Santa Julia Reserva (Santa Julia), adelantar muchos casilleros con el Emma (Zuccardi) y de la mano de Sebastián Zuccardi han concebido un espumante a base de Bonarda que va muy bien con nuestras carnes rojas a la parrilla: Alma 4 (Alma 4). Y aunque son cientos los tintos elaborados aquí con este cepaje, sobre todo en las franjas de precio baja y media, los referentes exitosos –como los casos de Dante Robino y Chakana– no abundan.
Por otro lado, existen muchos Malbec argentinos que se destacan, aunque la idea es mencionar a los que marcan el rumbo. En primer lugar, el desarrollo y la investigación encarada por la bodega de Nicolás Catena desde hace varios años es la razón fundamental del éxito, el prestigio y el volumen de ventas que ostenta Catena Zapata en esta categoría. Todos están concebidos por Alejandro Vigil, quien logra plasmar en cada nivel los mejores atributos diferenciales del cepaje. No por nada el Álamos, el Saint Felicien y el Angélica Zapata son líderes en sus segmentos. Pero hay más porque hoy los Single Vineyard Adrianna y Nicasia son los que logran trascender los límites cualitativos del varietal, una clara muestra del potencial del Malbec.

Vinos tradicionales
Aunque Finca Flichman no es la bodega más antigua del país ni sus vinos son de estilo tradicional, esta casa es la creadora de Caballero de la Cepa, una de las marcas más arraigadas en las costumbres argentinas y de la que aún hoy se pueden disfrutar verticales de más de treinta años, tanto de Cabernet Sauvignon como de Malbec.
Otra bodega que elabora ambos cepajes conjugando su historia con su presente es Goyenechea con sus Quinta Generación (Malbec y Cabernet Sauvignon).
En tanto, el éxito del Íntimo Cabernet Sauvignon le ha permitido a Humberto Canale lanzar una línea bajo esta marca emblemática.
Otro Cabernet muy respetado desde siempre es el Luigi Bosca Reserva (Luigi Bosca), paradigma de varietal local en su segmento. Pero convengamos en que no todos pueden disfrutar de vinos como éste todos los días. Por eso, hay que destacar a López (Bodegas López), Norton Clásico (Norton) y Valmont (Chandon Argentina): tintos y blancos dirigidos a públicos diferentes, pero que siempre han estado, están y seguramente seguirán estando en las copas de muchos.
En esta división que trazamos, también hay etiquetas clásicas que han sabido aggiornarse muy bien a los tiempos que corren y que, gracias a ello, siguen cosechando admiración desde hace varios años a punto tal de consolidarse dentro de la élite local. Son de la partida el Enzo Bianchi Gran Cru (Casa Bianchi), el Dedicado (Finca Flichman), el Felipe Rutini (Rutini Wines), el Perdriel del Centenario (Norton), los Finca Los Nobles (Luigi Bosca), el Estiba Reservada (Catena Zapata) y los Q (Zuccardi).

Vinos modernos

Dos Malbec modernos que demuestran las aptitudes del cepaje para adaptarse bien a diversos terruños (de la Patagonia a Salta) son el Fin Single Vineyard (Bodega Del Fin del Mundo) y el Colomé (Colomé).
En Mendoza, al menos hasta ahora, el Valle de Uco es el origen de los ejemplares más emblemáticos de la nueva etapa enológica nacional. Es así como el Synthesis Malbec (Finca Sophenia) de Matías Michelini o el Riglos Cabernet Sauvignon (Riglos) del Pulqui Rodríguez Villa lograron posicionarse tan bien en tan poco tiempo.
Pero hay una etiqueta que recién está llegando a las góndolas y que va a hacer mucho ruido; un tinto elaborado por microfermentación en barrica, con más de tres años de crianza en roble y que tiene su par en Francia. Se trata de La Violeta (Monteviejo), un Malbec que promete ser tan exitoso como su ya reconocido hermano de Pomerol (La Violette).
Aunque, sin dudas, los pioneros, luego de que Catena abriera el juego y comenzara a marcar la senda del posicionamiento del Malbec en el mundo, fueron el Viña Cobos Malbec (Viña Cobos) y los Finca Mirador y Altamira (Achával Ferrer).
Otra línea que refleja muy bien el estilo y el concepto de modernidad en los vinos argentinos es Gala (Luigi Bosca), que recientemente incorporó un Cabernet Franc (¿la próxima revelación varietal local?).

Manos argentinas

Son muchos los hombres y las mujeres que trabajan en nuestra tierra aportando al prestigio, imagen y reconocimiento del vino argentino. Uno de ellos es José Luis Mounier, el padre del Torrontés y quien más sabe de Cafayate. Consultado y querido por todos, hoy se luce desde Lavaque con sus Félix Malbec y Torrontés. Sólo él puede concebir un Single Vineyard (Finca Quara) de nuestro único cepaje nacional, con crianza en madera y un par de años de estiba, que mantiene cuerpo, frescura y tipicidad con semejante personalidad.
Pero hay otro argentino en la otra punta del mapa, más precisamente en San Patricio del Chañar: Marcelo Miras. Respetado por ser el mayor conocedor de los terruños patagónicos, es el creador de todos los vinos de Bodega Del Fin del Mundo, y el Special Blend, su etiqueta ícono.
Si bien el multifacético Miguel Brascó nunca hizo vinos, hay dos ejemplares que llevan su impronta, más allá de la ilustración en las etiquetas. El referente de los vinos argentinos más grande e importante de nuestra era, un poco dejándose llevar por su corazón y otro tanto por su paladar, eligió los cortes del Línea Tonel (Finca La Anita) y el Corte 279 (Bodegas López).
Uno que sí hace vinos –tan bien como su padre– es Roberto de la Mota, quien con su Mendel Malbec (Mendel) sigue demostrando toda su capacidad. Sin dudas, es una de las manos argentinas más respetadas en el mundo entero.
Otro de los personajes más queridos y respetados es Jorge Riccitelli. El Flaco (como le dicen sus amigos) es el hacedor de los vinos de Norton desde hace casi dos décadas. Y aunque el Malbec es sinónimo de esta bodega, es a través de los Cabernet Sauvignon que se puede apreciar bien su sello. Es por eso que el Norton Roble, el Reserva y el Perdriel Colección son considerados referentes nacionales. Como dije, personajes hay muchos… algunos de la vieja guardia que están muy vivos, aunque los consumidores no tengan presentes sus etiquetas. Es el caso de Carmelo Patti con su Cabernet Sauvignon (Carmelo Patti), Juan Carlos Ubriaco con sus Malbec (Aráoz y Vieytes) o Pedro Rosell con las etiquetas de su proyecto familiar (Campo Negro).
Distinto es el caso de Ángel Mendoza quien, a pesar de su antimarketing, está en boca de todos con su Pura Sangre (Domaine St. Diego), Malbec con un toque de Cabernet Sauvignon.
Otro ejemplo es Ricardo Santos, quien año tras año sigue sorprendiendo con su Malbec de autor.
Y como el vino ya no es machista, en representación de todas las mujeres destacamos a Susana Balbo con su Susana B Malbec (Dominio del Plata), quien desde hace varios años y desde su propia bodega representa muy bien a nuestra bandera.

Etiquetas albicelestes

Aunque cuenta con un nombre fuerte y nacionalista, detrás de esta etiqueta también hay un gran vino porque el Tikal Patriota (Ernesto Catena Vineyard) fue ganando adeptos y respeto con las cosechas, tanto aquí como en el mundo. Siempre acompañado de Malbec, su base de Bonarda es una prueba clara de la buena evolución que está teniendo este cepaje.
Otra etiqueta que nos hace quedar muy bien en todos lados y que ostenta la nacionalidad es uno de los Malbec top de Catena Zapata: el Malbec Argentino. Está elaborado por Alejandro Vigil, quien a base de blends de terruños y de una incansable búsqueda de la mayor calidad ha logrado internacionalizar el nombre de nuestro cepaje emblema.
Otro enfoque que se podría considerar nacionalista es el de las denominaciones de origen, de las cuales, a pesar de que están muy poco difundidas por aquí, hay una que se mantiene viva: la D.O.C. de Luján de Cuyo para elaborar Malbec. Es por eso que el Lagarde, el Nieto Senetiner, el Luigi Bosca y el Norton pueden ser considerados símbolos patrios bebibles.
El Bicentenario fue otra de las excusas, muy válida por cierto, para salir al mercado con etiquetas que reflejen la argentinidad. Entre ellas, el Monteviejo 2007 (Monteviejo) ha logrado destacarse por simbolizar el nuevo espíritu del vino argentino, pero también por exponer en su etiqueta una bellísima obra del prestigioso pintor nacional Antonio Seguí, creada especialmente para ese fin por encargo de Catherine Péré-Vergé, propietaria de la bodega.
Asimismo, hay un vino de alta gama denominado The President’s Blend (Escorihuela Gascón) y aunque su nombre no está en español, hace referencia sin dudas a un hecho histórico nacional. Pero el premio al marketing se lo lleva la línea de vinos Espíritu de Argentina de la bodega homónima.

Vinos populares

Hay muchos vinos bien argentinos de todos los días que son muy reconocidos y siguen siendo los más consumidos por la mayoría silenciosa, más allá de que muchos enófilos ya no los elijan. Son los tintos y blancos de Termidor (Peñaflor), Toro Viejo (Fecovita) y Vasco Viejo (López), el Bianchi Borgoña (Casa Bianchi) y todos los varietales de Trapiche y Don David.
Asimismo, el Etchart Privado (Etchart) es, sin dudas, uno de los blancos más consumidos. Su fama comenzó mucho antes de que el Torrontés fuera reconocido por su varietalidad. Hoy, más vivo que nunca, sigue siendo el emblema de la casa que es considerada la madre de este cepaje, con todo lo que ello significa.
En la categoría burbujas, aunque es una de las que más ha crecido, los referentes siguen siendo los mismos que supieron marcar el camino: Pascual Toso, por haber sido el responsable del Extra Toso, primera champaña argentina elaborada por el método tradicional; y Chandon con todas sus etiquetas, pero sobre todo por el Extra Brut, el líder y el que fue forjando el paladar local en la materia.