Pasión por el vino

Josimar Melo habla de tintos y blancos

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Nota creada el 06.10.2010 Por Fernando Piciana Bookmark and Share

Es el crítico gastronómico más popular de Brasil y un confeso defensor de los placeres de la mesa. Desde hace un cuarto de siglo, a través de sus columnas en el diario Folha de São Paulo o su guía de restaurantes, sus pareceres marcan tendencia. Pero no sólo es un militante del arte culinario, sino también de los vinos; un apasionado que respeta y admira los nuestros.

¿Cómo y cuándo fue su acercamiento al mundo del vino?
Me gustan los vinos desde hace mucho tiempo, aunque en mi juventud no era muy habitual el consumo de vinos finos en Brasil. Pero en 1979 viajé por Europa durante cuatro meses y pude aumentar mi conocimiento. Tenía un amigo francés, músico, que amaba el vino y sabía lo suficiente, y con otro colega brasileño formamos una suerte de cofradía basada en el siguiente acuerdo: nosotros comprábamos los vinos que él nos indicaba y nos enseñaba a disfrutarlos, a cambio de beberlos con nosotros... Tuvimos varias reuniones y la experiencia fue muy enriquecedora.

¿Qué vinos argentinos son los que más le gustan?
Los Malbec, por supuesto, que tienen alma argentina y un lugar propio en el mundo, diferente de cualquier otro país. Pero también me encantan los Torrontés bien frutados.

¿Cuáles son los estilos que más le llaman la atención?
Soy un poco anticuado en relación con el estilo de los vinos, sigo prefiriendo la elegancia de los europeos, especialmente los franceses, al poder luminoso de los del Nuevo Mundo, aunque no niego sus grandes cualidades y que pueden ser muy placenteros en muchos momentos. Lo cierto es que para mí hay un vino para cada ocasión; si no, quién puede beber otra cosa que no sea un Malbec si en el plato hay un rico churrasco.

¿Le divierte degustar nuevas propuestas?
Por mi profesión, de periodista gastronómico, estoy acostumbrado a probar siempre novedades, tanto en el plato como en la copa. Y eso no me incomoda, al contrario −se ríe− me gusta, más en el mundo del vino, que es capaz de darte sorpresas prácticamente infinitas.

¿Le gusta tener y guardar vinos?
Sí, en mi antigua casa había construido una cava subterránea con capacidad para 1.000 botellas. Ahora, que me mudé, tengo sólo dos climatizadoras para guardar 200, pero me alcanza para tener siempre a mano buenas etiquetas. Cuando mi hija nació en 1990 (buena cosecha en Burdeos), compré en primeur algunas botellas de Château Mouton Rothschild, Château Margaux y Château Lynch-Bages. En cada aniversario importante hemos bebido algunas. Este año cumple 20 y, claro, vamos a descorchar otras. Por suerte, tengo reservas para muchos otros festejos... (se ríe).

¿Qué vino bebió anoche?
Muchos, junto a mis colegas Patricio Tapia y Fabricio Portelli.

¿Cuánto fue lo que más pagó por una botella?
Creo que fueron 2.000 dólares por un Château Mouton Rothschild 1982. Fue hace muchos años; tenía dinero y aún la conservo a la espera de un momento especial.