Pasión por el vino

Gustavo Santaolalla habla de tintos y blancos

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Nota creada el 28.09.2010 Por Fernando Piciana Bookmark and Share

Es uno de los productores más importantes del rock latinoamericano y un gran músico-compositor. Además de innumerables premios, se alzó hace un par de años con dos Oscar por la mejor banda sonora de Secreto en la montaña y Babel. Pero más allá de lo profesional, una de sus grandes pasiones son los vinos argentinos.

¿Cómo y cuándo fue tu acercamiento al mundo del vino?
Fue en la casa donde crecí; en la cena siempre había algún tinto o blanco para acompañar esa comida deliciosa de mi madre, que aún hoy sigue haciendo. De más grande comencé a hacerme aficionado, un poquito más conocedor, y sumé un sueño que traía de chico, el de tener una viña.

¿Qué vinos argentinos son los que más te gustan?
En lo que hace a los varietales, adoro el Malbec y el Torrontés, pero también el Cabernet Sauvignon, el Syrah, el Chardonnay, el Sauvignon Blanc… A esta lista hay agregar también los blends que, en algunos casos, han alcanzado un nivel espectacular.

¿Cuáles son los estilos que más te llaman la atención?
Disfruto de vinos de distintos estilos y de diferentes franjas de precio: adoro los de alta gama y de lujo, pero también disfruto de un buen vino de mesa.

¿Te divierte degustar nuevas propuestas o preferís ir a lo seguro, lo que ya probaste?
Me encanta ir por las novedades. Creo que si bien en la vida de los argentinos el vino está arraigado culturalmente, día a día se puede aprender un sinfín de cuestiones relacionadas con este mundo tan fascinante.

¿Te gusta tener y guardar vinos?
Sí, me emociona abrir una botella que ha estado estibada, creciendo, esperando esa ocasión especial para ser protagonista.

¿Qué vino bebiste anoche?
Un exquisito Domaine de Cristia 2003, Châteauneuf-du-Pape.

¿Una anécdota graciosa que te haya pasado con un vino?

Muchas de las grandes historias de mi vida han ocurrido con el vino como protagonista: con mi familia, en mis viajes, en las giras con Bajofondo… Creo que la más graciosa sucedió la primera vez que degusté uno de mis vinos en un restaurante de Mendoza por la sensación de pánico escénico-etílico que me invadió.

Como placeres, la música y el vino pueden convivir en el mismo espacio. Si tuvieras que elegir uno para una canción ¿cuál sería y por qué?

De los de mi bodega, podría ser el Celador, un vino cuyo nombre está inspirado en la canción Celador de sueños de Orozco-Barrientos; o para el Don Juan Nahuel (que le hace honor al nombre de mi hijo) optaría por Ronroco de De Ushuaia a La Quiaca, una bella melodía que sintetiza un poco la emoción de ese viaje que hicimos con León Gieco hace ya un cuarto de siglo y gracias al cual conocí a Alejandra Palacios, mi mujer desde entonces.