Pasión por el vino
Adriana Varela habla de tintos y blancos
Es la más rutilante estrella de la canción ciudadana y desde hace veinte años provoca la admiración de entusiastas del tango de todas las edades a través de su voz, su particular estilo para cantar y su atrayente figura; una auténtica expresión de la argentinidad y, como no podía ser de otra manera, una apasionada de los vinos argentinos.
¿Cómo y cuándo fue tu acercamiento al mundo del vino?
Pertenezco a una generación a la que, por una cosa o por otra, de chicos nos daban un poquito de vino en las comidas, por supuesto con soda. Recuerdo y concuerdo siempre con lo que decía el Gato Dumas: que ésta es la verdadera bebida argentina. Luego, al ir creciendo, me fui abriendo a distintos gustos, experiencias y recién hace una década me llegó lo del vino como una expresión más gourmet.
¿Qué vinos argentinos son los que más te gustan?
Los tintos me pueden, más cuando comparto una comida o una reunión con amigos. Los que más me llaman la atención son el buen Malbec y el Tempranillo.
¿Te divierte degustar nuevas propuestas o preferís ir a lo seguro, lo que ya probaste?
En realidad suelo ser bastante conservadora en este sentido y más aún con los varietales que elijo y con las etiquetas. La verdad, me gusta beber lo que ya conozco y me da placer.
¿Qué vino bebiste anoche?
Abrí, junto a una pareja de amigos, una botella del que para mí es el mejor Tempranillo del país: el Q de Familia Zuccardi. Me encanta ese vino, me parece increíble.
¿Una anécdota graciosa que te haya pasado con un vino?
En las reuniones mendocinas, después de cantar, es religión juntarnos en casa de mi amiga Ana. Allí, mis músicos y demás invitados comen y beben como si ésa fuese la última vez. Suceden cosas muy graciosas en esos encuentros, dan para hablar y divertirnos durante nuestros viajes recordando anécdotas de esa noche, que termina en día, por supuesto. Particularmente recuerdo a alguien que intentó entrar del jardín al living atravesando una puerta-ventana cerrada. Por suerte no hubo rotura de vidrios, y pudimos festejar con risas semejante torpeza.
Como placeres, la música y el vino pueden convivir en el mismo espacio. Si tuvieras que elegir uno para una canción, ¿cuál sería y por qué?
El tango está relacionado indefectiblemente con la noche y ésta, con el alcohol, con el vino y con las burbujas de los espumantes. Esta asociación está en muchos de los temas de mi repertorio. También están las canciones que pintan los paisajes de la infancia, los de los músicos y poetas, los nuestros, los porteños y suburbanos... Y como te decía, el vino está desde esos tiempos, con la inmigración de los italianos y los españoles, que además trajeron las vides como uno de sus tesoros preciados. Así que no sé si hay alguna canción en especial. Me quedo con los buenos tangos y los buenos vinos argentinos como el gran “maridaje”.

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